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Platos para palear la hambruna mundial

Cinco países que, con cinco platos, hacen frente a la crisis de la inflación, la hambruna y la inseguridad alimentaria

Los alimentos son cada vez más caros, a veces más escasos y todo el mundo se está acercando peligrosamente a una hambruna global. En todas partes las personas tienen que adaptarse a las nuevas circunstancias, y a veces esto significa cambiar lo que comen, inventando o retomando platos asequibles y llenos de proteínas, que compensen la insolvencia.

Ni siquiera en los Estados Unidos, las personas se están librando de la carencia y la hambruna. Para los distritos más empobrecido, otro día significa otra batalla para alimentar a los niños con platos, que les sean sanos, nutritivos, pero que sobre todo sean viables en una economía cada vez más crítica.

Para Donna Martin, directora de servicio de alimentos y responsable de 4 mil 200 niños, llevar platos nutritivos a sus pequeños, es cada vez más difícil. Todos los cuales están en un programa federal de comidas escolares gratuitas. «Tenemos dos tiendas de comestibles en toda nuestra comunidad de 22 mil personas», indica. «Es un verdadero desierto de comida».

Durante el último año, Donna, está luchando para obtener lo que necesita y colocarlo en los platos que los niños necesitan. Mientras, la inflación anual de los alimentos alcanzó el 10,9% en julio, la más alta desde 1979. A medida que los precios se disparan, algunos de los proveedores de alimentos de Martin ya no están interesados en alimentar a las escuelas.

Alrededor del mundo, hay experiencias de cómo la población adapta sus platos a las carencias paleando la hambruna

El árbol de la jaca rescató a Sri Lanka

La inflación anual de los alimentos en Sri Lanka alcanzó el 75,8% en junio y los ciudadanos de Sri Lanka gastan el 29,6% de sus ingresos en alimentos. Por lo que Anoma Kumari Paranathala, aprendió por sí misma cómo cultivar verduras a partir de libros y videos de YouTube. Ahora tiene tomates, espinacas, calabazas, raíz de taro y batatas en su jardín.

Ella comenzó a hacer un cremoso curry de coco con la jaca, sustituyendo del plato, las verduras que ahora serían caras de comprar, o carne. La jaca también está apareciendo ahora en kottu, un popular plato salteado que se vende como comida callejera. Y algunas personas están moliendo las semillas para hacer harina para pan, pasteles y roti.

Desaparecen las panaderías en Nigeria

Emmanuel Onuorah, es panadero y solo quiere vender pan. Pero en Nigeria, su trabajo se volvió en imposible. «En el último año, la harina de trigo subió en más del 200%. Mientras el azúcar ascendió un 150% y los huevos remontaron su precio en aproximadamente un 120%». «Estamos corriendo con pérdidas», expresa. Ya despidió a 305 de sus 350 empleados. La combinación de malas cosechas y aumento de la demanda, hizo que los precios del trigo y el aceite vegetal se dispararan en todo el mundo.

A pesar de que sus costos se triplican, Onuorah explica que solo puede aumentar sus precios en un 10-12%. Sus clientes no pueden permitirse más que eso. «Los nigerianos están empobrecidos, las empresas están cerrando y los salarios están estancados, no se les puede sobrecargar». En promedio, los nigerianos gastan casi el 60% de sus ingresos en alimentos. «Pero seguimos caminando», señala, «para que los nigerianos puedan comer».

Platos contra la hambruna.
Mientras los gobiernos se restringen, se boicotean y se autodestruyen, la gente en las calles más pobres, encuentra donde refugiarse y alimentarse, justo allí en donde los que no saben sobre Ucrania, ni Rusia, ni China.

La olla que alimentó a 75 personas en Perú

En el apogeo de la pandemia, se reunió 60 vecinos para juntar cualquier comida que tuvieran que cocinar. La mayoría de los residentes de San Juan de Miraflores son trabajadoras domésticas. Entre cocineras, sirvientas, niñeras y jardineros, la mayoría perdió sus empleos durante la pandemia. Las familias tenían hambre.

Comenzaron a cocinar en una olla fuera de la casa de Justina, con madera que recolectaron para combustible. Luego construyeron una pequeña choza y un sacerdote local proporcionó una estufa. Justina Flores pidió a los comerciantes del mercado que donaran alimentos de desperdicio y llevó platos de comida a todos. Dos años después la misma olla, está alimentando a 75 personas, tres veces por semana.

Y un boicot al pollo en Jordania

El 22 de mayo, una cuenta anónima que tuiteaba en árabe pedía a la gente que etiquetara imágenes de productos de pollo con el hashtag #Boycott_Greedy_Chicken_Companies. Mientras, en Jordania, Salam Nasralla afirma, «Nos enteramos de ello en todas partes, todos nuestros amigos y familiares estaban hablando de ello. Fue en todas las redes sociales y la televisión», dice Nasralla.

La inflación anual de los alimentos en Jordania alcanzó el 4,1% en junio y los jordanos gastan el 26,9% de sus ingresos en alimentos. En Jordania, el gobierno propuso un límite de precios para el pollo. Los criadores de pollos acordaron un tope, pero a principios de mayo, volvieron a subir los precios. Entonces comenzó el alboroto en las redes sociales: #Boycott_Greedy_Chicken_Companies.

«El pollo representaba el descontento con todos los precios crecientes de todo lo demás», indican. Nasralla se alegró de ver que la protesta tuvo un efecto. Pero, «desafortunadamente, son los pequeños agricultores y vendedores de pollo los que más están perjudicando y no los grandes comerciantes los que ponen precios altos a todo lo que el agricultor necesita».

Fuente
CincoDiasElPaisBBC

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