
El pronunciamiento de Pekín.
Tras una semana de intensos combates en Oriente Medio, China rompió su silencio. El ministro de Exteriores, Wang Yi, pidió un alto el fuego inmediato y lamentó que la guerra en Irán “nunca debió haber comenzado”.
Un mensaje claro.
Durante su rueda de prensa anual, Wang subrayó que “la fuerza no es la solución” y defendió el respeto a la soberanía nacional como base del orden internacional. También instó a las partes a regresar a la mesa de negociaciones para evitar una escalada que ya impacta en los precios del petróleo.
La postura china.
Hasta ahora, Pekín se había limitado a rechazar cualquier acción que vulnerara la soberanía de otros países. Sin embargo, como principal socio comercial de Irán y mayor comprador de su petróleo, China condenó la muerte del ayatolá Alí Jameneí y expresó preocupación por la expansión del conflicto.
El llamado a la negociación.
Wang Yi advirtió que el uso deliberado de la fuerza “no demuestra fortaleza” y que los civiles no deben ser víctimas de la guerra. Reiteró que planear cambios de régimen o revoluciones de color es “impopular” y que la única salida viable es el diálogo.




