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Groenlandia y el giro de Trump en el Ártico

El Ártico como nuevo escenario de poder.
Lo que antes era una frontera remota se ha convertido en un espacio clave de la geopolítica mundial. La región, rica en recursos y rutas comerciales, es hoy objeto de disputa entre grandes potencias. Estados Unidos, rezagado frente a Rusia y con la presión creciente de China, ha endurecido su postura bajo la administración Trump, incluso a costa de tensar relaciones con Europa y Canadá.

La estrategia de Washington.
Trump ha reactivado la doctrina Monroe y ha puesto a Groenlandia en el centro de su discurso. La propuesta de comprar la isla y sus declaraciones de “hacer algo por las buenas o por las malas” han generado alarma en la Unión Europea y en Dinamarca, que denuncian una amenaza directa a la soberanía y a la estabilidad de la OTAN.

Rompehielos y militarización del Ártico.
En diciembre de 2025, la Guardia Costera de EE. UU. adjudicó contratos para construir seis rompehielos Arctic Security Cutter, con el objetivo de reforzar la presencia militar en aguas heladas. Mientras Rusia cuenta con unos 40 buques de este tipo, Estados Unidos apenas dispone de dos. El plan prevé alcanzar hasta diez embarcaciones hacia 2029, con Finlandia como socio clave en la construcción.

Seguridad frente a medio ambiente.
Expertos señalan que la política de Trump prioriza la explotación de petróleo y gas sobre la protección ambiental. Para analistas como Rob Huebert, la obsesión por “poseer” Groenlandia y ampliar el control sobre Canadá refleja una visión problemática de la seguridad regional.

Disuasión nuclear y tensiones diplomáticas.
El Ártico sigue siendo vital para la disuasión nuclear entre Washington y Moscú. Cualquier ataque ruso tendría que atravesar esta región, lo que la convierte en un punto crítico de vigilancia. Sin embargo, la retórica de Trump ha reactivado tensiones con Dinamarca y ha provocado un respaldo inmediato de Europa a la soberanía danesa.

Un futuro incierto.
Aunque algunos expertos creen que Estados Unidos busca más disuadir a China que anexar Groenlandia, la falta de coherencia en la política ártica de Trump genera dudas. La securitización del Ártico, advierten, puede redefinirlo como una amenaza existencial y poner en riesgo la estabilidad de la OTAN.

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