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JN.1, la nueva variante de interés del COVID-19

La Organización Mundial de la Salud designó a esta sub variante de Ómicron JN.1 como una de las que requieren mayor vigilancia.

¿Qué es y dónde se ha detectado?

La JN.1 es una sub variante del COVID-19 que desciende de la variante Ómicron, que se originó en Sudáfrica y que se ha extendido por todo el mundo. A diferencia de la Ómicron por una sola mutación en la proteína espiga, que es la que usa el virus para entrar en las células humanas.

La nueva sub variante JN.1 se detectó por primera vez en Estados Unidos en septiembre de 2023, y desde entonces ha ido creciendo su prevalencia en el país, hasta representar el 29% de los casos estimados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) a finales de noviembre.

La JN.1 también se ha encontrado en otros 51 países, entre ellos China, Japón, Canadá, Reino Unido, Francia, Portugal y España.

La OMS ha clasificado a la JN.1 como una variante de interés, lo que significa que tiene características que pueden afectar a la transmisibilidad, la gravedad, el diagnóstico, el tratamiento o la prevención del COVID-19, y que requiere una mayor vigilancia y análisis. La JN.1 se suma a otras cinco variantes de interés que la OMS ha identificado hasta la fecha: Eta, Iota, Kappa, Lambda y Mu.

La JN.1, como cualquier otra variante del COVID-19.
La OMS dice que las variantes de interés deben tener cambios genéticos que se sabe que cambian una característica clave del virus.

¿Qué riesgos y desafíos plantea?

La sub variante JN.1 plantea varios riesgos y desafíos para el control de la pandemia, que aún no se han determinado con precisión. Según la OMS, la JN.1 tiene una mayor transmisibilidad que otras variantes de Ómicron, lo que le da una ventaja competitiva para propagarse entre la población.

Además, la JN.1 tiene propiedades de evasión inmunológica, lo que significa que puede escapar parcialmente de la respuesta de los anticuerpos generados por las vacunas o las infecciones previas.

Sin embargo, la OMS también señala que no hay evidencia de que la JN.1 cause una enfermedad más grave o letal que otras variantes de Ómicron, ni de que afecte a la eficacia de las pruebas de diagnóstico o de los tratamientos disponibles.

Asimismo, la OMS indica que las vacunas actuales siguen ofreciendo una protección significativa contra la JN.1, especialmente para prevenir las formas graves y las hospitalizaciones.

Esta, se suma a la complejidad y la incertidumbre que rodea a la evolución del COVID-19, que sigue mutando y generando nuevas variantes que pueden tener un impacto en la salud pública. La JN.1 también representa un desafío para la vigilancia y el monitoreo de la situación epidemiológica, que requiere de una mayor capacidad de secuenciación genómica y de intercambio de información entre los países.

También implica una necesidad de adaptación y actualización de las medidas de prevención y control, que deben basarse en la evidencia científica y en la evaluación de riesgos.

¿Qué se puede hacer para enfrentar a JN.1?

Al igual que las variantes del COVID-19, se puede enfrentar con las mismas estrategias que se han demostrado efectivas para reducir la transmisión y la morbilidad del virus. La OMS recomienda mantener las medidas de higiene personal y colectiva, como el lavado de manos, el uso de mascarillas, el distanciamiento físico y la ventilación de los espacios cerrados.

La OMS también insta a aumentar la cobertura y la equidad de la vacunación, que es la herramienta más poderosa para prevenir las infecciones y las complicaciones del COVID-19.

Como cualquier otra variante de interés, se debe seguir de cerca y de forma coordinada por las autoridades sanitarias nacionales e internacionales, que deben compartir la información y los datos sobre su detección, su distribución, su comportamiento y su impacto.

La OMS también sugiere fortalecer la capacidad de secuenciación genómica y de vigilancia epidemiológica, que son esenciales para identificar y caracterizar las nuevas variantes que puedan surgir. La OMS también propone impulsar la investigación y el desarrollo de nuevas vacunas, tratamientos y diagnósticos, que puedan adaptarse a las mutaciones del virus.


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