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Rusia sufre una crisis de combustible agravada por los ataques ucranios

Escasez y racionamiento.
Los ataques de drones ucranios contra refinerías han obligado a Rusia, segunda potencia petrolera mundial, a importar gasolina y diésel. La situación ha provocado colas enormes en las gasolineras, cierres de estaciones y racionamiento de hasta 20 litros por vehículo en varias regiones, incluida Moscú. En Crimea, solo el ejército y la administración pueden repostar.

Mercado negro y tensión social.
La escasez ha disparado la reventa ilegal de combustible. En provincias como Rostov y Irkutsk ya se han detenido personas por intentar vender gasolina a precios inflados. En el sur, algunas gasolineras han contratado cosacos para vigilar las colas, mientras ciudades como Novorosíisk han prohibido la venta a particulares.

Impacto económico.
La producción de combustible cayó un 25 % en junio, muy por debajo de la demanda interna. El precio de la gasolina subió más de un 11 % en un mes, alcanzando los 200 rublos por litro en algunas regiones. El Banco Central ruso mantiene los tipos en 14,25 % para contener la inflación. Los ingresos por petróleo y gas se desplomaron un 30 % entre enero y mayo, generando un déficit público de 68.000 millones de euros.

Consecuencias en la aviación.
La crisis también afecta al transporte aéreo. Varios aeropuertos han limitado el repostaje de queroseno y la aerolínea Azimut advirtió que la situación es crítica. Moscú negocia con Japón la compra de 200.000 barriles de combustible para aviones.

Un golpe estratégico.
La dependencia del Kremlin de los hidrocarburos para financiar la guerra contra Ucrania se ve comprometida. Con el precio del crudo ruso desplomado a 44 dólares por barril, la capacidad de sostener el esfuerzo militar y evitar el descontento interno se reduce cada vez más.

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