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Donald Trump se precipitó a denunciar fraude

Donald Trump ignoró a su círculo más cercano, incluyendo a su hija Ivanka, que no creía en las acusaciones de fraude, y prefirió escuchar a su abogado Rudy Giuliani, que le sugirió cantar victoria después de las elecciones y construir así la «gran mentira» que animó el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.

Así surgió hoy de la segunda audiencia pública de la comisión parlamentaria que investiga el ataque al Parlamento, que se centró en el papel del ex presidente en la violencia desatada por sus seguidores, un riesgo que aún sigue latente, según los legisladores.

«Esta caza de brujas es una vergüenza para Estados unidos.

Nunca se debería haber permitido que sucediera», bramó Trump en su red social Truth, mientras su ex estratega, Steve Bannon, que lo llama «el presidente legítimo de los Estados Unidos», pide el impeachment del ministro de Justicia, Merrick Garlanda «cuando reconquistemos el Congreso en noviembre», si el magnate es condenado.

La segunda audiencia significó otro duro golpe para el ex presidente, porque a través de testigos republicanos que eran muy cercanos a él demostró la mala fe con la que llevó adelante su trama hasta la noche de las elecciones y después.

«Hoy les contaremos la historia de cómo Donald Trump, aun sabiendo que había perdido las elecciones, decidió lanzar un ataque a nuestra democracia y al pueblo estadounidense, tratando de robar su voz y encendiendo la mecha que llegó a la horrible violencia del 6 de enero», dijo el titular de la comisión, Bennie Thomson.

Thomson acusó al ex mandatario de haber «supervisado y liderado la conspiración para ignorar el voto y bloquear la transferencia de poderes, un esquema sin precedentes en la historia de los Estados Unidos.

«El equipo legal de la campaña de Trump sabía que no había ningún argumento legal, ningún fraude, ninguna irregularidad que anulara el resultado de las elecciones pero, a pesar de ello, el presidente avanzó con su plan» de siete puntos, dijo por su parte la vice de la comisión, la republicana Liz Cheney.

Cheney acusó a Trump de «haber traicionado a sus seguidores engañándolos sobre el 6 de enero y seguir haciéndolo».

Las acusaciones fueron confirmadas por los testigos, algunos de los cuales estuvieron en videos grabados: la noche de la elección y en las semanas posteriores, Trump solo aceptó lo que decía Giuliani y no escuchó las invitaciones a la prudencia y las refutaciones de quienes lo rodeaban.

Entre quienes le pedían abandonar esa línea estaban Ivanka, el jefe de campaña Bill Sepien (que renunció convencido de que lo que pasaba no era «necesariamente honesto y profesional»), su equipo de abogados y el ministro de Justicia, William Barr, cuyo testimonio fue devastador.

Barr describió a un presidente «alejado de la realidad», que «nunca tuvo interés por los hechos», y al que había repetido que las acusaciones de fraude eran «falsas, risibles, infundadas, una estupidez».

Esa falsedad la demuestran también los 61 recursos perdidos de los 62 que se presentaron, la mitad en la etapa procesal, la otra mitad en el mérito, porque «las acusaciones no se apoyaban en pruebas», como testificó el abogado republicano Benjamin Ginsberg, experto en cuestiones electorales, que jugó un papel central en el recuento de votos en Florida en la disputa Bush-Gore del 2000.

De los jueces que rechazaron los recursos de Trump, diez habían sido nombrados por él y 22 por presidentes republicanos, mientras que los tres jueces de la Corte Suprema que el magnate propuso rechazaron sus acusaciones. Algunos fiscales inclusive fueron amenazados por hacerlo, como sucedió en Georgia y en Pennsylvania.

La audiencia cerró con fragmentos de entrevistas a los asaltantes del Capitolio que repetían la «gran mentira» (‘big lie») de Trump sobre las elecciones robadas (con acusaciones infundadas de fraude), una confirmación de la manipulación obrada por sus falsedades.

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