La otra parte del acuerdo de paz entre EE.UU. e Irán

Un pacto con más preguntas que respuestas.
El memorándum de entendimiento entre Washington y Teherán podría firmarse esta semana. El estrecho de Ormuz volvería a abrirse y parte de los activos iraníes congelados serían desbloqueados. Sin embargo, pensar que esto significa el fin del conflicto es un error: lo más complejo no son las armas, sino las sanciones.
El verdadero desafío.
La cuestión nuclear es la parte más conocida: límites al enriquecimiento, reservas de uranio y regreso de inspectores. Pero lo que realmente puede hacer fracasar el acuerdo es el levantamiento de sanciones. Estas están sostenidas por leyes del Congreso, órdenes presidenciales y medidas secundarias que afectan a bancos y empresas extranjeras. Lo que se ofrece a Irán es más una suspensión que un levantamiento definitivo.
Un precedente difícil de olvidar.
Irán ya cumplió con el acuerdo de 2015, según el OIEA, y vio cómo las medidas de alivio económico se evaporaban con el cambio de presidente en EE.UU. Por eso, Teherán exige garantías sólidas y no simples promesas reversibles.
El factor político en Washington.
Trump tiene ahora una oportunidad única para impulsar el levantamiento de sanciones gracias al control sobre su partido. Pero si los resultados electorales de noviembre son negativos, su influencia podría desaparecer y el Congreso difícilmente apoyaría medidas favorables a Irán.
Europa, fuera del tablero.
El acuerdo de 2015 fue en gran parte una conquista europea. Hoy, el continente ha perdido peso en la negociación, relegado a comunicados y declaraciones, mientras los países del Golfo y la región llevan la iniciativa.
Conclusión.
La firma del documento sería solo el primer paso. El verdadero reto es hacer creíble para Irán la promesa de normalidad económica, algo que ya se desvaneció en el pasado. Mientras no se resuelva ese punto, el acuerdo seguirá siendo frágil.




