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Los refugiados enfrentan a Europa

“Son como nosotros”, así define la identidad europea, la acogida de refugiados

Definir qué es ser europeo es complejo. ¿Se necesita nacer en Europa, tener un cierto color de piel o religión? Hungría y Polonia están imponiendo su visión de la identidad europea con sus políticas migratorias: rechazan a los refugiados árabes o africanos mientras acogen a los ucranianos, que “son como nosotros”.

Los límites de los que son «como nosotros», de los que son europeos, de incluso los que se consideran «blancos», no son fijos. Estos cambian según la necesidad política y social. Y esos límites en constante cambio son definidos tanto por aquellos que se considera como nosotros, como los que no lo son.

Esto es más notable en las discusiones sobre los refugiados. En el espacio de una semana, un millón de refugiados huyeron de Ucrania, la mitad de ellos a Polonia. Esa cifra podría elevarse en las próximas semanas a cuatro millones.

Existe mucho caos y desesperación en la prisa por abandonar Ucrania. Pero en los países receptores, los refugiados son recibidos con gran generosidad, con los brazos y las fronteras abiertas.

Refugiados como nosotros.
La identidad europea no es algo que esté escrito sobre mármol en la sede de la comisión europea en Bruselas. Y cambió con el tiempo.

Quienes están definiendo los límites de la identidad europea concediendo asilo a los refugiados

En este caso, en una excepción notable, donde el público apoya una política liberal, pero los gobiernos continúan arrastrando los pies. Porque, se es amable, sólo con los refugiados, que son parecidos a los europeos.

Compare esto con el debate sobre la «crisis de refugiados» de 2015, cuando Europa aparentemente se vio abrumada por una «invasión», desde África o los países árabes.

Ese año, Europa recibió 1,3 millones de solicitudes de asilo, un fuerte salto en número debido a la guerra siria. Las cifras antes y después son mucho más bajas. Sin embargo, ese año, en el que el número total de solicitantes de asilo fue apenas superior al de Ucrania, es un tótem de un continente abrumado.

Esta es la razón para fortificar la fortaleza Europa y para mantener a cientos de miles de refugiados, en las condiciones más terribles a ambos lados del Mediterráneo.

La cuestión no es de números, sino de voluntad política y de los límites sociales e imaginativos que trazamos. La presidenta de la UE, Ursula von der Leyen, insistió la semana pasada en que Ucrania «pertenece a la familia europea».

Mientras, uno de sus primeros actos al convertirse en presidenta de la UE en 2019, fue trasladar la responsabilidad de la inmigración a una nueva cartera para «Promover nuestro estilo de vida europeo». Cuya tarea incluía protegerlo de la «migración irregular».

Los refugiados de Ucrania forman parte del «estilo de vida europeo». Los de más allá no lo son. Así se marcan los límites para delimitar la empatía y la solidaridad.

Cuando la Unión Europea aplicó la directiva de protección temporal a los refugiados de Ucrania, se aplaudió la decisión. Pero, también se la tachó de racista.

Miles de refugiados afganos, sirios o iraquíes que también lo necesitaban, nunca fueron protegidos de esta manera. Las justificaciones son variadas: Ucrania es un país limítrofe con la UE, la dimensión de esta crisis de refugiados es mucho mayor y, por último, un argumento curioso: “Son como nosotros”.

Fuente
EuropaJournals.SagepubAcademia

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